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Noviembre de 2016 Página 1 de 4

Producción y consumo de vapor eficientes en entornos industriales

Santiago García Garrido

En este artículo el autor analiza todos los aspectos relacionados con la producción y utilización del vapor en procesos industriales con el objetivo de optimizar su producción.

El alto costo de la energía ha obligado a las empresas a controlar hoy más que nunca cómo y dónde la emplean y consumen. La producción y consumo de vapor se ha convertido en muchos procesos industriales en un aspecto crítico que es necesario analizar y optimizar para ser competitivo. En este artículo el autor analiza todos los aspectos relacionados con la producción y utilización del vapor en procesos industriales con el objetivo de optimizar su producción y reducir su consumo al necesario.

La eficiencia de un sistema de vapor depende básicamente de cinco factores:

  • El diseño de la instalación. Es imposible alcanzar unos buenos valores de eficiencia si el diseño no es acorde con las mejores técnicas disponibles.
  • El estado que presenta. Una instalación bien diseñada puede presentar un estado de degradación tal que empeore en gran medida el uso eficiente de un sistema de vapor, por presentar roturas, fugas, elementos fuera de servicio, deficiente control, etc.
  • La medida. Todo lo que no se mide no se puede ni mejorar, ni mantener. Si se desea obtener buenos valores de eficiencia es necesario medir los principales parámetros, para poder actuar en cuanto se detecte dicho funcionamiento anómalo. En una instalación bien diseñada y en buen estado que no disponga de las mediciones adecuadas, un funcionamiento anómalo no será detectado de forma inmediata, sino después de mucho tiempo, cuando el impacto en la producción o en la economía de la instalación sea notable.
  • La operación. Una instalación de vapor necesita ser operada de forma eficiente, y no de forma negligente. Consumir vapor cuando no se requiere, no cumplir los parámetros químicos de éste, utilizar más vapor del necesario o purgar más de lo imprescindible son ejemplos de operación no optimizada. Una instalación bien diseñada, que se encuentra en buen estado y dotada de todos los equipos de medida necesarios puede presentar una baja eficiente si se opera de forma inadecuada.
  • El mantenimiento. Muy relacionado con el estado de la instalación, una red de vapor que no esté sometida a una estrategia de mantenimiento adecuada termina siendo, en más o menos tiempo, una instalación degradada.

Una red de vapor se compone además de tres partes claramente diferenciadas:

  • La generación de dicho vapor.
  • El transporte hasta los puntos de consumo.
  • El uso o consumo que se hace de dicho vapor.

Cada una de estas tres partes se ve afectada por los cinco factores mencionados, esto es, por el diseño, el estado, la medida, la operación y el mantenimiento. Pero antes de profundizar en cada uno de estos puntos es conveniente echar un vistazo al propio vapor y a las razones por las que se utiliza.

El vapor y sus características
El vapor es utilizado en la industria como fluido caloportador para trasladar el calor liberado en una caldera de combustión o en un proceso exotérmico hasta el punto de consumo. Su empleo como fluido caloportador de amplio uso se debe a una serie de factores:

  • Es un fluido barato y abundante.
  • Se conoce muy bien su comportamiento y características.
  • Es posible controlar la presión y la temperatura de forma muy precisa.

Es cierto que también tiene algunos inconvenientes, relacionados fundamentalmente con su capacidad para provocar corrosión, incrustaciones y con las altas presiones que en ocasiones supone su adecuada utilización. Pero dichos inconvenientes, que llevan implícitos una serie de riesgos que en caso de materializarse causarían problemas graves, son bien conocidos y se pueden adoptar las medidas preventivas necesarias para evitar los efectos adversos relacionados con el uso de vapor como fluido caloportador.

El empleo de vapor como medio calefactor indirecto implica tener que producir dicho vapor a partir de agua líquida, transportar dicho vapor hasta el punto de consumo e intercambiar su energía potencial para convertirse en otras formas de energía: energía cinética, para su posterior transformación en energía mecánica y/o eléctrica, y energía térmica, para adicionar ese calor a un proceso. Cada una de esas tres fases (producción, transporte y utilización) puede realizarse con mayor o menor eficiencia, por lo que si se quiere optimizar energéticamente el uso del vapor es necesario conocer los aspectos fundamentales a tener en cuenta que tienen una incidencia en el mayor o menor aprovechamiento de la energía contenida en la fuente energética primaria (a partir de la cual se produce el vapor) o en el propio vapor.


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Acerca del autor

Santiago García Garrido

Director Técnico de RENOVETEC
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