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Junio de 2019 Página 1 de 2

Mujeres ingenieras en América Latina: abriendo caminos

Seis ingenieras de diversos países de América Latina comparten su historia de vida y hablan de los retos que enfrentan en sus profesiones.

La vinculación de las mujeres en áreas técnicas trae grandes ventajas al sector productivo. Seis ingenieras de diversos países de América Latina comparten su historia de vida y hablan de los retos que enfrentan en sus profesiones.

Que las mujeres fueran ingenieras era algo exótico hace apenas 50 años. Sin embargo, las últimas dos generaciones han reescrito la historia, y hoy en día el sector industrial se beneficia de integrar el 50% de la fuerza laboral, que durante siglos se consideró no apta para aportar valor en sectores técnicos.

Este cambio de paradigma aún es un proyecto en curso a nivel mundial. En Estados Unidos, por ejemplo, las mujeres ocupan tan solo el 25 % de los cargos asociados a ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Pero hoy en día ya hay muchas asociaciones gremiales e industrias que reconocen el valor de integrar mujeres a su planta de ingeniería, y que buscan activamente atraer jóvenes mujeres hacia carreras técnicas.

Una de las principales razones es ampliar el universo de posibles candidatos, debido al déficit creciente de jóvenes profesionales en carreras técnicas. Pero otra razón, más profunda, es vincular formas de ver y pensar que representen y comprendan las necesidades de una sociedad cada vez más diversa e integrada, donde las mujeres lideran las decisiones de consumo masivo y donde su vinculación a la vida laboral está cambiando las necesidades de las sociedades.

Sembrando la semilla

¿Qué hace que una niña se inspire para estudiar ingeniería? Lo mismo que hace que se inspire un niño: el ejemplo. A Diana Uribe, ingeniera industrial colombiana y coordinadora de I+D+I para RymeI, le gustaba observar el trabajo de su padre, técnico electricista. "Esto despertó en mí mucha curiosidad sobre el funcionamiento de las cosas y él me enseñó desde muy pequeña a hacerme preguntas y buscarles una respuesta lógica. Él me regalaba cosas que estimulaban mi curiosidad: un cohete, muñecas con algún mecanismo interesante, caleidoscopios; recuerdo mucho un kit de electrónica para hacer experimentos con el que nos divertíamos", afirma.

Fuera de su casa, las jóvenes también encuentran inspiración en sus maestros. Mónica Suárez Corrales, ingeniera Química, jefe de Investigación y Desarrollo para Navitek en México, relata que "en 1994, cursando el 3er semestre de educación media superior, encontré en la clase de Química impartida por la ingeniera Alma Contreras la vocación por la Ingeniería Química. Su cátedra era muy interesante y práctica, ejemplificando situaciones reales de su experiencia profesional en la industria, de manera que pudiéramos comprender".

Para Evelyn Morales, gerente de calidad en Cramer, de Chile, la vocación por la ingeniería nació de una pasión por crear. "Siempre me gustó mucho lo que tenía que ver con la fabricación, con la implementación… con el crear. Me interesé por las manualidades, por el arte, y por el crear es que me interesé por la ingeniería", afirma. Es ese matrimonio entre creatividad y ciencia lo que la cautiva. "La ingeniería plantea inicialmente el ingenio o cómo idear situaciones para solucionar un problema. Y en ese idear está la posibilidad de crear, de poner la creatividad acompañada de todas las herramientas técnicas de la ingeniería, la capacidad analítica, el aprendizaje, la física, la matemática y todos los otros componentes para poder solucionar un problema de fondo".

¿Es el género determinante para el desempeño?

Aún hoy subsiste el debate sobre si las mujeres tienen cualidades o debilidades por su género, que las hagan más o menos aptas para diversos roles. "Anteriormente las industrias encasillaban a las mujeres en actividades laborales por fuera de las plantas de producción y lejos de la acción, las mujeres solo teníamos oportunidades laborales para cargos de manejos documentales", afirma Jiselle Ramos Marrugo, jefe de control de calidad y líder de proyectos de montaje de plantas para Agroz S.A. en Colombia. Sin embargo, desde su punto de vista el desempeño de las mujeres ha probado el error de esta perspectiva. "Ahora hemos demostrado que somos fuertes y estamos en capacidad de manejar plantas de producción y personal a la par de cualquier hombre".

Desde el punto de vista de Diana Uribe, que las mujeres históricamente se dediquen más a trabajos de gestión o administración que a cargos operativos tiene que ver con estereotipos de género. "Crecemos en entornos en los cuales nos dicen qué está bien que hagan las mujeres y qué no. Por esto, aquellas actividades más operativas que involucran el contacto directo con los procesos y las máquinas han estado culturalmente asociadas a los hombres; mientras que aquellas más administrativas, se asocian típicamente a las mujeres. Crecemos viendo esto y repitiendo inconscientemente los patrones que observamos", afirma.

Para Mónica Suárez, los estereotipos afectan negativamente tanto a hombres como a mujeres. "Existe el paradigma de que una mujer no puede realizar el trabajo de un hombre con el mismo grado de éxito y en la actualidad también el hombre sufre esa discriminación en puestos de gestión y calidad".


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